El número de la bestia

 

Por Estela y Susana Pereira Duarte

 

La mente humana asienta sobre un trípode de poderes: intelecto, corazón y voluntad. Según que la mente arraigue en la oscuridad o en la Luz, el intelecto se manifestará como astucia o como inteligencia; según el egoísmo o la generosidad impresos en el carácter, el afecto dará lugar a los apegos o podrá manifestarse como amor[1]; según quién sea el que busque el bien[2], el ser egoísta o el ser que logró la visión espiritual, la voluntad se orientará hacia el mal o hacia el bien.

¿Por qué San Juan dice que el 666 es número de hombre?: Aquí es donde entra la sabiduría: el que tenga inteligencia, calcule el número de la bestia salvaje, porque es número de hombre, y su número es seiscientos sesenta y seis.[3]

El número 1 se asigna al Absoluto, al Espíritu de Dios de la Teología Judeocristiana, al Brahma del Hinduismo, a la Sustancia inmanente de Baruch Spinoza.

El 2 se asigna a la primera manifestación de Dios, la Polaridad Original (que es la esencia de la sexualidad), a la cupla de Fuerzas que mueven la rueda del Universo.

El 3 es el número del Hijo de Dios[4], el Amor Universal o Cristo Cósmico.

El 4 corresponde al Universo Físico tetradimensional... tres dimensiones espaciales y la cuarta dimensión del tiempo.

El 5 es el número de la Vida sin conciencia de sí misma y abarca los Reinos vegetal y animal.

El 6 es el número de la Vida consciente de sí misma, y es el número de la Humanidad cuando ésta todavía no cobró conciencia de su dimensión espiritual.

        Por eso San Juan dice del 666 que es número de hombre y a su vez el número de la bestia salvaje, esto es, el intelecto, el corazón y la voluntad dominados por el ser egoísta. Aún cuando se hayan escalado las cimas de la evolución humana, si todavía no se ha cobrado conciencia de la relación esencial con el resto de la especie humana (que es de fraternidad), y con el Universo entero (de quién formamos parte como la gota de agua forma parte del mar), el uso que se dará a las potencias es monstruoso... el resultado actual es el dominio mundial por el Poder Económico – en quién está actualmente encarnado el Anticristo[5].          

 

 

 

 

 

 

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[1]       Amor es una palabra que contiene en sí muchas interpretaciones, el sentido que se le da aquí es el de la fuerza que orienta las energías hacia el bien del ser amado. Donde se confunde más a menudo querer (o gustar, desear, necesitar) con amar es en el acto sexual.

 

 

[2]        Todos nos movemos en pos de algo que creemos bueno, no hay nadie que busque el mal a conciencia. El egoísta busca un bien pero lo busca en la oscuridad – pues el egoísmo es ceguera – y en su ceguera no ve que su suerte está relacionada con la de los demás, no tiene conciencia de que se ahogará con todos si el barco se hunde. La misma acción, en la luz, se puede hacer por generosidad o por amor a sí mismo. El verdadero amor por sí mismo está en oposición al egoísmo; el generoso ayudará a los demás por amor, el lúcido va a ayudar al otro porque se da cuenta de que su suerte está íntimamente unida a la del prójimo puesto que, al fin y al cabo, todos somos Uno.

 

 

 

[3]  Apocalipsis 13:18.

 

 

[4]       Jesús en relación al Creador... como nosotros... es criatura, lo que nos permite considerarlo nuestro hermano; desde el punto de vista de su evolución y en relación a nosotros es Dios: “Yo y el Padre somos Uno”, su grado de evolución le permitió encarnar al Cristo. Cuando San Juan habla de Jesús como del Hijo unigénito está viendo en Jesús al Amor Cósmico... mientras que el padecimiento de Jesús en el Monte de los Olivos nos revela su dimensión humana.

 

 

[5]    Mal que les pese a quienes quieren verlo como un hombre de carne y hueso… El Anticristo, como el Cristo, es una potencia espiritual y se le opone... como el odio se opone al amor, y el egoísmo a la generosidad.

Así como el Génesis describe con símbolos la Creación, en forma accesible para las mentes de nuestros antepasados, del lenguaje simbólico de los textos sagrados pueden extraerse algunas claves que nos ayuden a entender nuestro tiempo… En el Apocalipsis, San Juan habla de una bestia(a) (¿Norteamérica?) a la que «el monstruo entrega su propio poder y su trono, con un imperio inmenso»(b). A la bestia «se le dio poder sobre toda raza, pueblo, lengua y nación…»(c) (casi… casi… pero no podemos negar que lo están intentando). Aparece luego otra bestia (¿el poder financiero internacional?), que «aprovecha todo el poder de la primera y está totalmente a su servicio»  y que «ha logrado que la tierra y sus habitantes adoren a la primera bestia»(d)… y que logra también que «a todos, grandes y pequeños, ricos y pobres, libres y esclavos, se les ponga una marca en la mano derecha o en la frente y ya nadie podrá comprar ni vender si no está marcado con el nombre de la bestia o con la cifra de su nombre »(e) ¿Quién aceptaría una marca en la mano o en la frente si conoce estas palabras? Sin embargo, las tarjetas bancarias, cuyo uso se pretende universal (y sin las cuales «ya nadie podrá comprar ni vender») y el dinero impreso en la frente (la mente) como prioridad uno…¿no son la marca de la bestia, el símbolo del omnipresente poder financiero?

(a) Apocalipsis, 13:1; (b) Ap., 13:2, en otras versiones de la Biblia el monstruo es llamado el dragón, y es un símbolo del diablo o satanás ; (c) Ap.13:7 ; (d) Ap.13:12; (e) Ap.13:16,17

Citas de La Biblia Latinoaméricana, VI ed, Ed. Paulinas Verbo Divino, 1972