Estas son verdades grandes como buques…

y conocidas por todos quienes no se hayan puesto,

por alguna causa, una venda sobre los ojos;

por eso hemos evitado las citas y las referencias,

casi sin excepción.

El único mérito de este escrito

es haber reunido estas verdades en un solo lugar,

haber encontrado y puesto

las piezas del rompecabezas

en su correcta posición

 

Quien quiera oír, que oiga…     

 

Reflexiones

sobre la Deuda y la Guerra

 

después del derrumbe de las Torres Gemelas

 

Estela y Susana Pereira Duarte

Octubre de 2001

 

 

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La libertad de Norte América perderá su luz.

Su antorcha no alumbrará como ayer

y el monumento será atacado dos veces.

BSP/39

 

 

En esta psicografía del año 1939 Benjamín Solari Parravicini,

vidente argentino, predice el ataque a las torres gemelas,

que será el comienzo de la decadencia de los EEUU

como potencia líder mundial.

 

La deuda argentina, que aumentó en forma colosal durante la última dictadura militar y se duplicó durante el menemismo, se ha transformado en el principal lazo de dependencia que nos obliga en esta guerra contra el terrorismo en que está empeñada la potencia norteamericana y sus «aliados», como los llaman. Mientras que estos países se relacionan desde una posición de fuerza con USA en este conflicto, nuestro carro parece indiso­lublemente unido al de EEUU, como si fuéramos un apéndice de ellos. Este escrito versará sobre el fondo real que existe de­trás de esto.

La deuda externa de los países del Tercer mundo es una gi­gantesca 1050[1] a nivel mundial, según la cual los países deu­do­res siguen endeudándose por más que paguen por encima de sus posibilidades, porque no llegan a pagar ni los intereses (con tasas de interés fijadas unilateralmente y a favor del acree­dor). Y el país que plantea, aunque sea remotamente, la posibi­lidad de no pagar deberá atenerse a durísimas puniciones que irán desde el corte de los créditos hasta maniobras políticas desestabilizadoras como fue la hiperinflación en la última etapa del gobierno de Alfonsín, quien había expuesto en uno de sus últimos discursos esa posibilidad.

        Los partidos de izquierda hablan de no pagar la deuda, los más moderados de reprogramarla. No pagarla nos situaría al mar­gen del concierto de las naciones, y estaría siempre como es­pada de Damocles sobre nuestras cabezas reproduciéndose a sí misma. La posición más racional es la que busca discernir sobre esta deuda.

 

Esto quiere decir:

       

a)  discriminar entre la deuda legítima y la ilegítima… donde esta última está constituida en gran parte por la deuda pri­vada que recae desde el año 82 sobre el erario público, en un megafraude que realiza Cavallo, como funcionario del Proceso desde un puesto de poder en el Banco Central.

 

b)  discriminar cuánto de esa deuda se ha pagado ya, calculando la diferencia entre los intereses  de usura que se están pa­gando y aquellos que sería razonable pagar, y a esta diferen­cia considerarla como deuda amortizada (Japón paga un 1% de interés, EEUU entre un 4 y 5%). Mas de 6 o 7% en concepto de intereses es usura, sobre todo considerando que los montos que se manejan en estas transacciones son de miles de millo­nes de dólares (a casi un millón de millones de dólares as­ciende el total de la deuda de Latinoamérica) y que no somos un jugador que acude al prestamista del barrio, sino un país que trata de honrar sus compromisos financieros – para usar una expresión cara a los que se desenvuelven en la economía nacional.

 

Ha existido históricamente un concepto muy estricto acerca de cuales son los intereses correctos a cobrar por un préstamo (que hacían de la profesión de banquero una profesión honora­ble, y que diferenciaban al banquero del prestamista que co­braba intereses de usura); sin embargo, el neoliberalismo ha traído, entre otros cambios a la práctica de la economía, el concepto de que la ética y la economía no tienen ningún punto de contacto (lo que es un absurdo total pues la Ética es un fundamento de todas las Ciencias del quehacer humano), como le hemos oído decir a un conocido economista  – conocido por la frecuencia con que pasea su fascies de vampiro en la pantalla de televisión y no por sus aportes reales – nos referimos a un tal Ávila, miembro del CEMA, una de estas fundaciones cuyos miembros se dedican a elucubrar como enriquecerse en el menor tiempo posible caiga quien caiga y cueste lo que cueste; porque todos estos economistas –sirvientes de banqueros y financistas– distorsionan todo lo que aprendieron en la Facultad de Ciencias Económicas para adecuarlos a los intereses que sirven.

La relación de la Argentina con sus banqueros y financis­tas es la de los padres a quien llevan de la nariz los capri­chos y rabietas de un niño malcriado, esto quiere decir que la relación de fuerzas favorece al niño sólo por debilidad apa­rente pero no real. Porque el papel moneda es un símbolo de la riqueza, no es la riqueza real[2].

        Para lograr cobrar estos intereses usurarios los organis­mos financieros internacionales, al servicio del nuevo imperia­lismo económico, han inventado ahora un número al cual llaman 'riesgo país', con el cual justifican la sobretasa de interés que pretenden, por sobre la tasa de interés que paga USA. Es un valor que se fija en alguna oficina de Wall Street (notable­mente, la sede de Standard and Poors, la principal calificadora que fija el riesgo país de la Argentina desapareció en el aten­tado a las torres gemelas del 11/09) y determina los intereses absurdamente altos que actualmente se cobran. Que es un valor sin pies ni cabeza se ve comparando valores de riesgo país el día de hoy en países como Colombia (600), Paquistán (1900), Ar­gentina (>1900)… ¡en algo teníamos que ser los mejores! O com­parando los valores del riesgo país de la Argentina en su evo­lución en el tiempo: cuando Cavallo estaba activando el mega­canje el riesgo país trepaba y trepaba y revelaba la codicia de los acreedores, pues de su valor dependerían los intereses que se fijaran (lo que así fue).

        El riesgo país sube a valores altísimos porque afirman que Argentina no podrá pagar los intereses de la deuda. El interés que paga la Argentina es actualmente un 12% en promedio, pero si se cobraran intereses razonables nuestro país cum­pliría sin esfuerzo y sin necesidad de bajar sueldos y jubila­ciones sus compromisos financieros.

         Pero aún cuando se establezca que existe una deuda legí­tima y una ilegítima, hay un fondo siniestro en la génesis de la mayor parte de la deuda Argentina (como de la del resto de los países del tercer mundo). Por nuestra posición geográfica y en el gran reparto caímos del lado de USA: los EEUU se compor­tan como un imperio, y se mueven en toda la tierra olfateando adonde hay riquezas a las que poder hincar el diente… y a los gobiernos que no pueden corromper los destruyen, al menos a los que, como nosotros, aun tienen dificultades para tener un régi­men democrático estable, fuerte y con suficientes anticuerpos para defenderse de las ambiciones de otros países.

        Las operaciones de la CIA para derrocar gobiernos pertene­cen, como cabe esperar, al secreto de Estado; sin embargo, a la larga o a la corta termina por trascender donde y cuando inter­vino la CIA para hacer caer un gobierno, reemplazando los go­biernos elegidos por el pueblo por gobiernos títeres nativos que se encargan de poner el rostro, pero que actúan de entrega­dores a cambio de prebendas y un acceso al armamento que no tienen en gobiernos civiles – lo cual les encanta (pues son dictaduras militares). En el caso de los EEUU, el emplear su poder económico para corromper o su poder militar para dominar, es una política de estado, porque en el acto de corrupción, exis­ten dos criminales, el que corrompe y el que se deja co­rromper.

        Paradójicamente en «el país de la libertad» – USA –  existe una fuerte censura y autocensura a todo lo que es difu­sión de ideas y hechos políticos que no abonen el capitalismo y la idea de que ellos son los líderes de la Democracia, de la Justicia y los defensores de la Libertad, sobre todo si huele a comunismo. Así se da el caso de que en USA pueden formarse par­tidos nazis con casi total libertad y que, después de Alemania, es el segundo país del mundo en concentración de neonazis, en tanto que el comunismo está prohibido (al menos así era hasta la caída de la URSS como potencia oponente).

        Es demasiada la coincidencia de que, una tras otra, hayan caído las democracias sudamericanas por la misma época, siendo reemplazadas por dictaduras. Fue en la época en que los petro­dólares empezaron a inundar las arcas de los bancos y financie­ras de los países del primer mundo y, en forma simultánea, co­menzaron a endeudarse los países latino-americanos oprimidos por estas dictaduras. Sí, efectivamente – aunque usted no lo crea – existía entonces una fuerte promoción del crédito. Para poder entender esto hay que sumar dos factores: el primero de ellos es que había una superabundancia de liquidez que amena­zaba la estabilidad de los mercados y que había que ubicar de algún modo en algún lado; para entender el segundo factor hay que analizarlo a través del ejemplo que da la operación del me­gacanje: Cavallo se habrá embolsado algunos millones de dólares[3] (la cifra que trascendió – pues obviamente se trata de una coi­misión – fue de 15 millones) con lo que demostró una vez más adonde está su verdadera lealtad, una vez que rápidamente se dio cuenta de que su carrera hacia la presidencia no prospe­raba. Los bancos gestores del megacanje (de Mulford, amigo de Cavallo) se embolsaron algunas decenas de millones en concepto de comisión (la cifra, esta vez oficial, es de 150 millones de U$S), y la deuda se incrementa en varios miles de millones (55 mil millones en el plazo de 20 o 30 años. Tan ruinosos son los términos en que se hizo el negocio que ya está iniciado un juicio ante la Justicia por este fraude, en el que se acusa a Cavallo, a Daniel Marx y a otros personajes por malversación de fondos públicos.

Lo terrible de todo esto es que los vendepatria, los en­tregadores locales, para enriquecerse con algunas migajas de lo que en realidad representan estas transacciones (lo que revela su mezquindad, su falta de proyección nacional e histórica, pues la historia juzgará según su valor real a todas estas san­guijuelas), hacen perder al país las riquezas que permitirían que todos vivamos bien, en un país que efectivamente es privi­legiado en muchos aspectos. Y esto seguirá ocurriendo mientras el país no genere anticuerpos para eliminar en forma inmediata a estos traidores que como pústulas en el cuerpo de la Nación lo parasitan y enferman.

        Un organismo crediticio se asegura de verificar la solven­cia del futuro deudor, tanto si el préstamo se hace a un parti­cular como a un gobierno, y además que los fondos pedidos ten­gan fines productivos. Esta es la forma normal de asegurarse el retorno del dinero. Si no hubiese existido una intencionalidad de crear una dependencia a través de un fuerte endeudamiento… ¿Por qué razón los organismos de crédito internacionales otor­garían préstamos a éstas republiquetas gobernadas por gobiernos de facto a sabiendas de que serían empleadas casi exclusiva­mente en armamentos? Pues la deuda externa del tercer mundo crece en forma desmesurada hasta volverse imparable e impagable cuando estos pueblos están sometidos a dictaduras de gobiernos militares.

En la actualidad la deuda es ya tan enorme que se retroa­limenta sola y las dictaduras dejaron de ser funcionales, ahora se respaldan las «democracias» porque ya no hay interés en se­guir prestando, y por eso es que se endurecen las condiciones para otorgar nuevos créditos. Ahora hay que lograr las trans­formaciones sociales que aseguren que estos pueblos vivan su­mergidos, para que en el mundo exista una clara diferenciación entre pueblos «libres» (ellos) y pueblos «esclavos», que les aseguren a ellos tierras en reserva y yacimientos de petróleo y minerales aun sin explotar y mano de obra barata para hacer funcionar sus industrias diseminadas ahora en el tercer mundo, al que pueden ensuciar sin escrúpulos ni trabas de ninguna clase. Por esto se presiona ahora a la Argentina, antes de otorgarle un nuevo préstamo, para que elimine todas las con­quistas sociales que alguna vez supo conseguir… la educación universal, sistemas de protección social como buenos hospitales y cajas de jubilaciones que amparen a los ancianos, y tantos otros ejemplos de conquistas sociales, que se está exigiendo ahora que se rescin­dan[4] si es que el país quiere tener algo más de dinero para pa­gar los onerosos intereses que se exigen. El disfraz de estas exigencias lo llaman «ley de déficit cero».

Nada más hipócrita en el lenguaje de la política interna­cional que llamar a nuestros países «países emergentes», pues no existe ninguna voluntad de parte de los líderes de los países del primer mundo de que nuestras economías crezcan hasta igualarlos… No podía ser de otra forma, pues no ha existido una evolución mo­ral perceptible en la raza humana y la forma en la que los paí­ses colonialistas logran ahora dominar es a través de la depen­dencia económica.

        En el concierto de naciones, los EEUU nos han asignado un papel de país agroexportador y de reservorio (pues en el re­parto les tocamos a ellos). En un reportaje realizado a ambos candidatos antes de las últimas elecciones por el comentarista de televisión Charlie Rose, en el diálogo con G.W.Bush se re­vela bastante bien esto que acabamos de afirmar:

 

P:   ¿Qué haría si los norcoreanos invadieran Corea del Sur?  

R:   Corea del Sur forma parte de nuestros intereses, como tam­bién lo es mantener la paz en el Oriente Medio[5]. Si Israel lle­gara a sufrir un ataque, se afectarían nuestros intereses estratégicos nacionales. También hay que considerar los in­tereses en nuestra región.

P:   ¿América Latina?

R:   Así es. Desde Canadá hasta la punta de América del Sur.

Más claro… agua…

       

Este papel fue el ideado por el autor intelectual del de­rro­camiento de Allende en Chile, H. Kissinger (¿El premio Nó­bel de la Paz?… ¡Sí! el mismo…). Y es más que evidente que han ido jugando sus cartas de modo que encajáramos en este modelo, pues prácticamente y en esta última década, la Argentina fue des­truida en su potencia industrial y llevada a su estado ac­tual en una estrategia bien pensada y cuidadosamente ejecutada.

        A principios de la década del 90 el New York Times expli­caba cómo habíamos vencido a la hiperinflación para lograr es­tabilidad monetaria… éramos, según este diario, el milagro ar­gentino, y describía como proliferaban los shoppings… lo que no decía es que se seguían precisas directivas del FMI y que el país obtenía todos los dólares que precisaba para mantener la convertibilidad a cambio de una política de privatizaciones[6] y de destrucción de la industria instalada; esto último se consi­gue abriendo las fronteras en forma indiscriminada e importando a precio de dumping. Las privatizaciones fueron precedidas por una campaña de desprestigio de la empresa estatal, en la cual existió un boicot activo de su funcionamiento, donde se invir­tió dinero en comprar conciencias (poco antes de las privatiza­ciones las empresas empezaron a andar peor que nunca, sobre todo Ferrocarriles y Entel). Otra de las directivas fue la ra­cionalización del aparato estatal (o sea la disminución del plantel de empleados públicos), con esto aumentaría la desocu­pación y podría dominarse el poder del aparato sindical, pues el miedo a perder el trabajo haría que las huelgas fracasasen.

        Menem cimentó su gobierno en el miedo a la hiperinflación, fantasma que no dejó de agitar hasta el fin de su gobierno. En una propaganda de campaña de las elecciones de 1999, una mujer, que caracterizaba a un ama de casa, recuerda la hiperinflación diciendo: «¡cómo vamos a dejarle nuevamente el gobierno a los responsables de la crisis!»  Vivimos – con todo el país – el desconcierto de la hiperinflación, y ya antes habíamos visto a Menem en su campaña política prometiendo el oro y el moro a diestra y siniestra y a todo el mundo, en promesas imposibles de cumplir ya que en esas promesas se intentaba favorecer in­tereses contrapuestos. Gracias al fantasma de la hiperinflación ganó fácilmente las elecciones, pues el miedo paralizó la capa­cidad de razonar y aun las personas honestas terminaron por vo­tarlo. Y encaró su gobierno traicionando los intereses del pue­blo al que había hecho promesas, dando una forma a su gobierno que envidió la UCD por la falta de escrúpulos con la que ins­taló un liberalismo feroz. Y perpetuó su gobierno apoyando men­tira sobre mentira, con una enorme mentira básica, que fue que la hiperinflación fue causada por el gobierno de Alfonsín.

        Alfonsín había mencionado en uno de sus discursos la posibi­lidad de dejar de pagar la deuda externa como una salida para el país de sus problemas económicos. Y fueron los inter­eses internacionales, a los que les interesaba que el país si­guiera pagando la deuda externa, la verdadera causa de la hi­perinflación; por el mal ejemplo que sería dado a todos los países deudores que podrían imitar a nuestro gobierno. En aquel momento éste había ganado un sólido prestigio internacional gracias a la presidencia de Alfonsín[7].

        No es descabellado plantear la hipótesis de que «el artí­fice de la estabilidad», miembro del "Club de los 30", un ex­clusivísimo círculo que solo acepta a los mandamases de la eco­nomía internacional, un personaje que en 1982 era funcionario del gobierno militar (fue entonces cuando estatizó la deuda privada – su única estatización – lo que constituye la simiente de gran parte de la deuda externa actual), y que en 1985 ofre­ció su receta económica a Alfonsín, quien la rechazó, viajara al norte en su momento para armar con sus amigos el fenómeno de la hiperinflación. De este modo se asestaría un golpe mortal al prestigio de Alfonsín, ya que éste se había vuelto peligroso para el establishment internacional por las razones antedichas… este suceso fue similar, en perversidad y en causa y efecto, al asesinato[8] en 1973 de Salvador Allende; sin embargo, como golpe político internacional fue mucho mas refinado, pues la pérdida de prestigio para el político es peor que la muerte; en el país hermano se había creado a un héroe… en la Argentina se evitó repetir el mismo error… y el fantasma de la hiperinfla­ción acosa a los argentinos aun hoy paralizando su capacidad de ra­zonar…

        Todo esto sin embargo nunca podrá llegar a ser más que una mera especulación… quedarán cerradas bajo 7 llaves todas las conversaciones entre banqueros y políticos a los que les conve­nía un gobierno dócil y que se adaptase servilmente a los re­querimientos del Fondo Monetario Internacional.       

        Cuando Menem dejó el gobierno había más que duplicado la deuda que tenía el país cuando asumió su primer gobierno, lo cual fue el costo de mantener la paridad dólar–peso, a la que se ha llamado estabilidad. Esta palabra estabilidad no puede estar peor puesta porque de hecho el país se ha ido hundiendo progresivamente. Cualquiera sea el sistema monetario de un país hay que buscar los signos y síntomas de su fortaleza y estabi­lidad en la educación, la salud, y la posibilidad de trabajar.

        Los EEUU tenían la posibilidad, por su capacidad, de ser lo que ellos pretenden ser – el faro del mundo – pero perdieron esta posibilidad cuando eligieron, en vez de la luz del sol, una luz artificial, y ésta vuelta hacia dentro e iluminando sólo su propio país… Cuando se autodefinen como los defensores de la Libertad y de la Justicia, no ven que el resto del mundo los ve tal cual son, sin las distorsiones de la egolatría y del egotismo que los invade, o de la hipocresía en el caso de sus gobernantes. El modelo de sociedad que han construido es asom­brosamente parecido a Un mundo feliz de Aldous Huxley, en el cual la «píldora de la felicidad» es el consumo indiscriminado de todas las riquezas del planeta de las que consigan apode­rarse, a un ritmo tal que si fuera generalizado a toda la po­blación mundial terminaría con las reservas renovables y no re­novables, y transformaría a la tierra en un basural en breve tiempo. Un mundo que no puede dejar pasar el intervencionismo yanqui en todos los gobiernos más débiles que ellos con el único fin de satisfacer la codicia y la soberbia[9] de un estado que, desde la caída de la URSS como potencia oponente, ya no ve ningún freno para sus ambiciones de poderío y hegemonía mun­dial, creyéndose al margen de cualquier responsabilidad que pueda competirle en el cuidado del medio ambiente…

        Tienen además un nutrido prontuario de hechos que hablan del abuso de la fuerza y mal uso del poder…  La tan cacareada libertad que pregonan es simple libre albedrío, y de qué justi­cia pueden hablar (¡justicia infinita!)… el pueblo afgano les debe el tener a estos trogloditas de los talibanes en el poder, pues fueron los EEUU quienes los armaron para oponerlos a los rusos, y ahora les deberán que arrasen su tierra con todo su poderío militar para tratar de eliminar a quien ellos formaron y forjaron cuando lo necesitaban. El libre albedrío es la si­miente de la libertad, pero si ese libre albedrío se usa para la expresión del egoísmo se convierte en libertinaje… Los yan­quis no pueden hablar de libertad si siguen moviéndose en pos de sus pasiones egoístas.

        Enmascaran el genocidio tirando raciones de comida y medica­mentos al pueblo que están exterminando – se calcula que medio millón de personas morirán de hambre y sed este invierno en Afganistán – y lo llaman «ayuda humanitaria». El costo de los misiles que arrojaron sólo el primer día fue de 25 millones de $US – con gastar apenas una fracción del dinero que se em­plea actualmente en tecnología y fabricación de armamentos se solucionaría el problema de la miseria mundial. Para comprender la monstruosidad de lo que están haciendo solo hay que ver la relación de la inversión destinada a uno u otro objetivo… 300 mil millones de U$S destinados a gastos militares contra los 300 millones que se destinarían a «ayuda humanitaria»… para las víctimas de la destrucción que ellos mismos provocan… la relación es de mil a uno… sin comentarios.

        El ataque a las torres gemelas del 11 de septiembre – un hecho atroz y que nadie defiende – demuestra lo ilusorio que es pretender buscar la seguridad armándose hasta los dientes en un mundo violento. Pretender combatir al terrorismo mundial de la forma en que lo está llevando a cabo Bush es luchar contra la hidra de mil cabezas, personaje mitológico al cual le nacían diez cabezas por cada una que le cortaban. Como en la antigua historia de Frankestein, la criatura se ha vuelto contra su creador, incapaz éste de reconocer su responsabilidad en la gé­nesis del monstruo… como reza el proverbio bíblico: «la opre­sión de la injusticia vuelve locos a los justos»… La verdadera causa del terrorismo debe buscarse en la desigualdad e injusti­cia que imperan en el mundo, agravadas hasta límites intolera­bles en la última década, es la respuesta que la violencia le da a la desesperación…

No creemos que la elección sea entre el cáncer o la lepra sino entre la salud o la enfermedad. No es necesario apoyarlo a Bush para estar en contra del terrorismo, como él amenazó (desde su posición de líder del primer imperio) al resto de los países del mundo… Hablan de «países aliados»… de «países ami­gos»… el apoyo a Bush nace del miedo… no hay amistad entre los países que se unieron en el ataque a Afganistán… los países co­lonialistas se llenan la boca con las palabras de libertad, justicia, democracia, pero esto si se promueve, a lo sumo se lo hace fronteras para adentro… porque las leyes que rigen las re­laciones entre países son las de la jungla. Civilización no quiere decir evolución, y los países civilizados demuestran mu­cha menos bondad y honestidad en sus vidas que muchos pueblos mucho menos «civilizados».

 Esta guerra «santa», como curiosamente la denominan los dos frentes en conflicto (suponiendo ambos estar del buen lado) es, a todas luces, una lucha entre dos bandos opuestos del in­fierno. De un lado la ambición de poder y el egoísmo llevados hasta profundidades inmensurables, y del otro la locura del te­rror, producto de mentes enfermas por el odio… Cuando hayan terminado de destruirse, los sobrevivientes recordarán – y comprenderán – la Promesa Divina:

 

 

 

« Bienaventurados los mansos,

 

 

 

porque ellos heredarán la Tierra »

 

 

 

 

La Plata - Pcia de Buenos Aires - República  Argentina

 

 

 

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[1]     En este país, en el que cada niño cuando nace trae, en lugar de un pan, un fajo de pagarés bajo el brazo, los mayores deberán hacer docencia, para que los jóvenes conozcan piezas claves de nuestra historia. La 1050 fue un mecanismo perverso de financiación ins­trumentado por el ministro de la dictadura Martínez de Hoz, allá por la década del 70, que llevó a la ruina y la desesperación a miles de deudores.

[2]    Riqueza que moralmente aún pertenece a la Argentina (pues fue objeto de fraude y estafa) y algún día recuperará, cuando aprenda a respetarse… No nos será fácil, pues hemos perdido mu­cho terreno, pero podremos lograrlo si existe una verdadera de­terminación… ¿qué podemos perder salvo la vida, ya que todo lo demás ya lo hemos perdido?… ¿esta vida… acaso vale la pena?… En­tonces… ¿no vale la pena intentarlo?

[3]  Por supuesto esto puede establecerse sólo como una deducción… no se firman papeles en estos casos… pero si nos encontramos con alguien con un cuchillo sangrante en la mano frente a un cadáver no precisamos que un juez dictamine la culpabilidad del sujeto para saber que es un asesino… Si para arruinar al país en 55.000 millones el amigo se embolsó 150 millones… ¿es ser muy mal pensados intuir que Cavallo se quedó con el diezmo?… pero este país cuenta con una «justicia» que condena a años de cárcel a alguien por robar un peso o pedir comida pero a quien condena a la exclusión y a la muerte en vida a millones de personas queda libre y se lo honra con cargos oficiales.

[4]   Lo que queda de ellas pues durante el menemismo ya se logró des­truir buena parte.

[5]    Una frase surrealista a la luz de lo que ocurre en la actualidad.

[6]    Aunque evidentemente el que está detrás de esta política es el imperio anglo-norteamericano, a quien le intrigue porqué sectores claves de nuestros recursos quedaron finalmente en manos de otros países (España por ejemplo) hay que recordar lo que fueron las privatizaciones y que el país estaba en manos de delincuentes: ergo, el negocio se lo quedó el mejor postor, el que coimeó más fuerte. No obstante, podría existir otra explicación para el caso de España, aceptando el rumor que sostiene que el origen del milagro español estaría en un pacto entre dicho estado y el Poder Económico supranacional, en el que España recibe parte del botín del narcotráfico a cambio de actuar como testaferro, ya que era la manera de extranjerizar nuestra economía sin despertar demasiada resistencia en la población argentina (y de Latinoamérica en general). De ser cierta esta hipótesis terminan encajando otras piezas del rompecabezas… como el vaciamiento de Aerolíneas, como la explotación irracional del petróleo argentino sin las tareas de exploración que conserven nuestras reservas, porque el objetivo final no es hacer negocios sino destruirnos como país, a través del debilitamiento del estado argentino para poder dar luego el golpe final.

[7]    La figura de Alfonsín es muy discutida en la actualidad por graves errores cometidos posteriormente en el curso de su gobierno, pero es innegable que en aquel momento condujo al país en una etapa clave de nuestra histo­ria, en la que se llevó a cabo un juicio a las juntas militares del que no se registran – por su importancia – antecedentes en la historia del mundo y que vacunó a la Argentina contra los golpes militares.

[8]   No cabe otra calificación para el suicidio que siguió a su derro­camiento…

[9]   Como un símbolo de cual es su verdadera fe, figura impresa en su papel moneda la frase "en Dios confiamos", y adoran a ese dios ma­terial, lejísimos en su mente y su corazón del verdadero Padre, que nos pide tratarnos todos como hermanos.