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Hace ya mucho tiempo 

la Palabra se hizo carne

y la Luz caminó entre nosotros,

y nos dijo:

«la Verdad os hará libres»

Y de eso se trata aquí...

de la conquista de la Libertad.(*) 

 

El mundo y sus acontecimientos fueron creados por Dios como una escuela para las almas. Sus rasgos principales existen en Su imaginación desde los orígenes del tiempo, y por ello es posible realizar profecías, como fue el caso de Nostradamus. Los avances científicos, culturales, y los acontecimientos que signarán las vidas de los habitantes de cada país, ya están escritos, son consecuencia de las elecciones que fue tomando el ser humano desde el pasado remoto, son parte de nuestro destino como conjunto y el guión de una gran obra, escrita por la Humanidad y dirigida  por Dios, un drama[1] de proporciones cósmicas cuyo argumento es la eterna lucha entre el bien y el mal.

 

Al bajar a la Tierra el alma ocupa un lugar en el escenario, y desempeña un papel, que constituye su destino individual [2] y que estará definido por sus necesidades, y posibilidades. Conoce ese destino antes de aceptarlo, y las ventajas que representará para su evolución.

 

El nacimiento y la muerte… dos fenómenos aparentemente opuestos cuando los vemos desde el Universo físico, son vistos desde el Espíritu como lo mismo, transformaciones necesarias en el proceso evolutivo, un constante renacer aquí y en el más allá... Renacemos de nuestras cenizas, simbólicamente hablando, regresando a la Tierra una y otra vez… tantas como sea necesario para completar nuestra evolución en esta fase… y aquí y allá seguimos creciendo, pues la Vida es la gran artista de las almas que trabajará con cada una hasta millones de años para lograrla perfecta.

 

Las diferencias raciales, en los sexos, en riquezas, y en las mil y una facetas que utilizan las mentes poco evolucionadas para sentirse distintas, superiores, y avasallar a los más débiles – en lugar de protegerlos, ayudarlos – son pruebas que son superadas sólo por aquéllos que adquieren la suficiente grandeza y humildad para comprender que la diferencia está en los ojos, en una apariencia externa que oculta la identidad esencial. Una identidad esencial entre lo creado, las criaturas, y su Creador.

Los exámenes que debemos aprobar para avanzar en el camino de la evolución están ocultos en cada una de las circunstancias de nuestras vidas… por eso los mensajes contradictorios que recibimos, aun en las escuelas espirituales o religiones, o mejor dicho sobre todo en la enseñanza religiosa, desde los errores incluidos en los textos sagrados hasta las diferentes doctrinas que parecen oponerse entre sí. Porque la Verdad fue fragmentada y diseminada por Dios en todas ellas, como pedacitos de un espejo roto que brillan aquí y allá cuando son iluminados por la luz espiritual, para que nuestras mentes crecieran en el discernimiento, en un proceso en el que evolucionamos si escuchamos – y obedecemos – nuestra Voz interior.

 

Por eso nadie es dueño de la Verdad… Hay una Verdad, sin embargo, a la que llegamos por experiencia, y es que existe un Principio Cósmico, una Inteligencia creadora que gobierna el Universo. Sabemos que existe un Dios que, aunque la noción irrite a la mente racional, se involucra en los acontecimientos humanos.

 

La prueba científica de Su existencia la razón deberá encontrarla en la teoría de las probabilidades, ya que la posibilidad de que la Creación sea el resultado de las ciegas leyes del azar, que éstas hayan dado origen a la vida y a la increíble complejidad de sus infinitas formas, desde una ameba hasta la belleza de una sinfonía de Mozart, es la misma probabilidad de que un mono golpeara las teclas de una máquina de escribir hasta lograr redactar la Divina Comedia. Sin embargo no es la razón la que puede responder la duda de si Dios existe… no hay respuesta de la parte intelectual de la mente a esa pregunta, es la mente intuitiva la que puede comprenderlo.

 

Pero creer o no creer, no es el problema. En su camino de evolución el alma pasa por períodos de bonanza y de escasez espiritual, etapas en las que será confortada, guiada por la fe, y etapas en las que deberá crecer sin ayuda. Nadie será penalizado por su falta de fe, ya que ésta viene como un don. Tenerla o no tenerla es parte del destino del alma, y su ausencia una dificultad adicional en el camino a recorrer. El criterio para el Cielo, el único criterio, desde el ateo que entrega su vida al prójimo, hasta el creyente que ofrenda su vida a Dios, es si la capacidad de amar existe o no.

 

Porque hacia El llevan muchos caminos y, con diferentes nombres, con distintas técnicas, todas las religiones, o enseñanzas espirituales verdaderas, son formas que nos hemos ido dando los humanos para tratar de entender nuestra esencia, para ver el Infinito con ojos finitos, para comprender lo Incomprensible, con el mismo éxito que puede tener la gota de agua que analiza el océano al cual pertenece, y lo ve según su posición, ora verde, ora turquesa, ora encrespado… o calmo, así hemos comprendido a Dios… según nuestra cultura, y el color de los lentes que nos tocaron en suerte…

 

 

 

 

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[1]  Algunos lo verán, con buen humor, como una tragicomedia… Sin embargo, no es una comedia pasatista como muchos de nosotros, hartos del dolor y de la injusticia, quisiéramos. Nuestro planeta no es un jardín de infantes, por eso las lecciones no son fáciles, es una universidad, porque no es repitiendo palotes una y otra vez como crecemos en inteligencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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[2]  quien conociera pasado, presente y futuro estaría en condiciones de hacerse un juicio sobre la suerte de nadie... La mente superior, que es sabia, sabe que no sabe... Por eso se nos advirtió:  «No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; absolved y seréis absueltos. Dad y se os dará (...) La medida que con otros usáreis, esa se usará con vosotros.» Lucas (6:37 y 38)